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El día que amanecí fue un día cualquiera
mis sueños no eran de colores
y nada cambió en los relojes del mundo
ni en el libro del paisaje.
El día que acaricié a las flores
nadie me miró y todo lo que me rodeaba no mudó de sitio.
Cuando apuré de un sorbo bocas y más bocas
y me creció la luz
en núcleos de lejanas estrellas
nadie me pidió que pagara
tampoco me pagaron
cuando me mordió la bestia del dolor y el desamor.
Nadie lloró al verme en la calle gritando al horizonte
para que me abriera la puerta
que corona de sueños los caminos.
Dormí a la intemperie y nadie me ofreció
ni siquiera un puñado de estrellas.
El día que amanecí será igual que el día que anochezca
no vendrá el infinito en mi busca
pues montones de olvidos nos ciñen
en esta vertiginosa espiral de sombras.
en este páramo que inquiere al silencio.
Surgen murmullos en el alba del tiempo
y se imprime la contraseña de la ausencia y el olvido
pero nada percibo en el paisaje.
Miro por los agujeros de los siglos y me envuelve la niebla…
un recuerdo de anémonas en el confín de la memoria
y el estupor del desarraigo y la amnesia.
Debo estar muerta
pues el agua que baja de la montaña
me acaricia en forma de nube y no la siento.
Hablo con los pájaros de lluvia pero no me escuchan.
Grito en las praderas
y nadie viene a plantarme una flor para que me acompañe.
No oigo a los arroyos bramando de coraje
por no transportar magnolias y olas de arco iris.
Llego a la fuente del principio y se ha secado.
Voy al final de la desembocadura del río y no la hallo
se hizo mar
mar impotente siniestro y silencioso...
Y la sombra se extiende a la vertical misma
donde se arrodilla el silencio.
He llegado a la conclusión de que no existo
pero lo demás son transparencias de lluvia
fantasmas de la luna
antiguas luminarias de los astros
en las que yo creía cuando estaba segura de vivir.
Las había construido
para no encontrarme cara a cara con la ausencia.
del libro "Gramática de Luna, Huerga y& Fierrro, 20
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